CJNG y Cártel de Sinaloa concentran el mayor poder del crimen organizado en México
El Cártel Jalisco Nueva Generación (CJNG) y el Cártel de Sinaloa se mantienen actualmente como las organizaciones criminales más poderosas y con mayor capacidad operativa en México, en un contexto marcado por la captura, extradición o neutralización de varios de los principales capos del narcotráfico en los últimos años.
Estos golpes a las cúpulas criminales han provocado una reconfiguración del mapa del crimen organizado, abriendo paso al ascenso de nuevos liderazgos, disputas internas y fragmentación de estructuras que durante décadas se mantuvieron bajo el control de figuras únicas.
Los líderes más buscados
En el caso del CJNG, su máximo líder continúa siendo Nemesio Oseguera Cervantes, alias “El Mencho”, considerado uno de los narcotraficantes más peligrosos del país. El Departamento de Estado de Estados Unidos ofrece hasta 15 millones de dólares por información que permita su captura, una de las recompensas más altas vigentes contra un criminal mexicano.
Por su parte, el Cártel de Sinaloa atraviesa una etapa de liderazgo compartido y disputa interna. Entre sus figuras más relevantes se encuentran Iván Archivaldo y Alfredo Guzmán Salazar, hijos de Joaquín “El Chapo” Guzmán; Ismael Zambada Sicairos, “El Mayito Flaco”, hijo de Ismael “El Mayo” Zambada; y Aureliano Guzmán Loera, “El Guano”, hermano de “El Chapo”. Las autoridades estadounidenses ofrecen recompensas que van de 10 a 15 millones de dólares por información que conduzca a su detención.
Un modelo criminal en transformación
El liderazgo de “El Mencho” resulta atípico en el contexto actual, ya que el CJNG es una de las pocas organizaciones que conserva una estructura jerárquica tradicional, con un jefe máximo claramente identificado. Este modelo recuerda a figuras históricas del narcotráfico mexicano como Amado Carrillo Fuentes, Joaquín “El Chapo” Guzmán o los hermanos Arellano Félix, cuyos imperios criminales terminaron tras su muerte o encarcelamiento.
Sin embargo, este tipo de liderazgos únicos se ha vuelto cada vez menos común. La mayoría de los cárteles han evolucionado hacia estructuras más horizontales, en las que distintas facciones controlan etapas específicas del negocio ilícito.
El caso del Cártel de Sinaloa
El ejemplo más claro de esta transformación es el Cártel de Sinaloa. La captura, extradición y condena a cadena perpetua de “El Chapo” Guzmán marcó el inicio de violentas disputas internas entre sus herederos y el grupo encabezado por Ismael “El Mayo” Zambada, uno de sus históricos socios.
A finales de la década pasada, “El Mayo” disputaba el control de la organización a cuatro de los hijos de Guzmán Loera: Ovidio y Joaquín Guzmán López, así como Iván Archivaldo y Alfredo Guzmán Salazar.
Un golpe histórico y una guerra interna vigente
A mediados de 2024, el Cártel de Sinaloa sufrió un golpe sin precedentes, cuando Joaquín Guzmán López presuntamente participó en un operativo para entregar a Ismael “El Mayo” Zambada a las autoridades de Estados Unidos, al tiempo que se entregó con la intención de colaborar con la justicia a cambio de beneficios legales.
Para entonces, Ovidio Guzmán ya había sido detenido y extraditado a Estados Unidos, dejando el control operativo del grupo en manos de Iván Archivaldo y Alfredo Guzmán Salazar, quienes intensificaron la disputa con las facciones lideradas por “El Mayito Flaco” y “El Guano”.
Violencia y reconfiguración constante
Esta confrontación ha dejado cientos de muertos y un clima persistente de violencia en distintas regiones del país. Analistas señalan que el proceso de reconfiguración continuará y podría derivar en cambios constantes en los nombres y liderazgos de las distintas facciones.
La experiencia histórica del narcotráfico en México demuestra que, aunque los capos pueden ser capturados o eliminados, el negocio ilegal no desaparece, sino que se reorganiza y pasa a manos de nuevos actores.
